Diagnóstico médico de la disfunción eréctil

La disfunción eréctil se estudia en consulta acorde a las posibles causas que la pueden producir, el médico se apoya en determinadas pruebas  complementarias disponibles en el arsenal diagnóstico.

Las pruebas diagnósticas fueron consensuadas en 1999 en París donde se desarrolló la primera Consulta Internacional sobre Disfunción Eréctil,  patrocinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según el grado de recomendación de las mismas:

# Pruebas muy recomendadas

Deben realizarse a todos los pacientes y consisten en:

– Historia clínica completa y en profundidad, tanto sexual como médica y como psicosocial, incluyendo los factores de riesgo cardiovascular  como la hipertensión arterial, diabetes, colesterol, tabaquismo uso de sustancias tóxicas, tratamientos médicos llevados a cabo y desde  cuándo, enfermedades diversas neurológicas o endocrinas (tiroides, desnutriciones, colesterol), enfermedades renales en diálisis, cirugías  de pelvis o hernias discales, cirugías sobre el pene, estado de ánimo y tratamientos para ello, si tiene síndrome de apnea-hipopnea o apnea  obstructiva del sueño (SAHOS) y utiliza CPAP (máquina para respirar por la noche), para evitar las pausas de respiración durante el sueño,  patología que está relacionada con la disfunción eréctil muy frecuentemente etc.

– Exploración física: del pene escroto, próstata y abdomen, caracteres sexuales secundarios, exploración vascular como tensión arterial o  valoración de pulsos distales (manos y pies) y neurológica como reflejo anal superficial (movimiento anal al tocar cerca) o bulbocavernoso  (movimiento del pene al meter dedo en el ano).

La parte de la entrevista más orientada a la esfera sexual puede contener preguntas sobre el tiempo de evolución, forma de comienzo, modo de  evolución, grado de erección y si permite coito, calidad de la erección en otras situaciones (erección matutina, masturbación, con otras parejas),  cuándo apareció y en qué circunstancias se da, si es normal el deseo sexual, si aparecen erecciones espontáneas durante la noche o por la mañana,  si tiene pareja estable y si ésta tiene alguna alteración de la sexualidad o enfermedad, si aparece dolor con la erección, si la eyaculación es normal,  precoz o retardada, etc. Existen cuestionarios validados internacionalmente para evaluar la calidad de la erección.

# Pruebas Recomendadas

Deben realizarse en la mayoría de los pacientes. Incluye analíticas básicas de sangre. Con estas analíticas se  valoran enfermedades que pueden causar disfunción eréctil como la diabetes, alteraciones del colesterol o de la testosterona. Suele solicitarse  glucemia basal, perfil lipídico (colesterol), testosterona libre calculada (preferiblemente) o total, en varones mayores de 50 o jóvenes con  sospecha de hipogonadismo (falta de deseo sexual o alteración de caracteres sexuales secundarios como poco vello facial o púbico). También se  puede realizar hemograma y bioquímica (iones en sangre y función renal) dentro de determinaciones básicas.

# Pruebas opcionales

Son determinaciones analíticas recomendadas en ciertos grupos de pacientes y su uso depende del criterio médico. Se  consideraron también dentro de este grupo las valoraciones psicosocial y psiquiátrica.

Entran en este grupo el hemograma (analítica de valoración de anemia), función renal (se pueden considerar básicas u opcionales), función  hepática, hormonas diferentes de la testosterona como LH (si la testosterona está baja), prolactina (si la testosterona está disminuida o hay falta  de deseo sexual), hormonas tiroideas TSH y T4 libre (si se sospecha alteración tiroidea), cortisol plasmático y/o libre en orina de 24 horas (si se  valoran alteraciones de la glándula suprarrenal)

# Pruebas especializadas

Tienen valor sólo en algunos pacientes y deben ser realizadas o solicitadas por el especialista que esté siguiendo el  problema de disfunción eréctil.

Entre estas están el test de tumescencia nocturna (Rigiscan®) que se suele realizar en pacientes jóvenes en los que se sospecha ansiedad de  actuación o un perfil psicológico de disfunción eréctil. Se basa en que el pene entra en erección de manera involuntaria durante la noche en dos o  tres ocasiones realizando una medición de la fuerza de dicha erección.

Se puede realizar sin estimulación visual o con estimulación visual que sería una modalidad diferente (test de estimulación visual: comprobar  erección tras someter al paciente a estímulos visuales tipo vídeos o revistas).

Si es normal la erección nocturna podemos entender que la disfunción eréctil puede deberse al estado psicológico en el momento del acto sexual.

Estas dos son pruebas con un valor relativo por lo que no todos los urólogos las utilizan habitualmente.

Test de valoración de función arterial del pene mediante inyección de alprostadilo y posteriormente realizar una ecografía doppler del pene que  nos ponga de manifiesto la cantidad de sangre por segundo que entra en el pene y valorar si hay insuficiencia arterial. (Ver pregunta frecuente  cómo se produce una erección normal)

Cavernosometría dinámica sirve para valorar el componente venoso que permite mantener la sangre dentro del pene para mantener la erección  normal (Ver preguntas frecuentes cómo se produce una erección normal) con tumescencia suficiente.

Estas pruebas son más específicas y serán indicadas cuando se tenga alguna sospecha de causa específica que esté produciendo la disfunción  eréctil y suelen ser indicadas por el especialista urólogo-andrólogo.

¿Qué pacientes deben ser valorados por cardiólogo?

El riesgo cardiovascular se clasifica en tres niveles según la declaración de Princeton II de riesgo coronario, nivel bajo riesgo, nivel medio riesgo y  nivel alto riesgo.

Pacientes con riesgo intermedio y riesgo alto cardiológico de acuerdo con el Consenso de Princeton II de riesgo coronario, deben ser valorados  por el cardiólogo previamente a iniciar tratamiento médico para disfunción eréctil. Los pacientes de bajo riesgo pueden tener relaciones sexuales  y hacer uso de medicamentos que mejoren la erección. Los de medio riesgo deben ser recategorizados a bajo o alto riesgo por el cardiólogo.