Disfunción eréctil: ¿Tiene solución?

Por supuesto que sí. Y cuanto antes lo abordes, más fácil será la misma. Cuando el origen es únicamente psicológico, el primer paso es averiguar la causa.

Recordamos que las causas psicológicas suelen tener relación con: no recibir suficiente estimulación para lograr la erección deseada, enfrentarse a la relación sexual con ansiedad, padecer excesivo sentimiento de culpa, por mala información sexual, o por malas condiciones físicas o psicológicas en el momento de tener relaciones sexuales.

Por ejemplo, si tiene que ver con no recibir suficiente estimulación sexual, se analiza detenidamente, con qué estímulos sexuales y con qué tipo de estimulación, cuenta el varón cuando va a realizar la práctica sexual.

Un ejemplo de este caso sería la situación en la que la pareja no sabe estimular bien el pene, o si la pareja se toma poco tiempo de calentamiento y al varón no le da tiempo a recibir la estimulación necesaria.

Otro ejemplo podrían ser los varones que no perciben los estímulos sexuales porque están preocupados por problemas, o saturados física o psicológicamente por estrés. Cuando una persona está saturada por algún tema importante que le esté ocurriendo en ese momento de su vida, puede que ese tema no le deje espacio para concentrarse en otras cosas como por ejemplo, sus relaciones sexuales. En este caso, se abordaría la distracción para que el varón pueda conectarse sensorialmente con los estímulos que generan la respuesta sexual de erección.

Otro ejemplo es el caso de los varones que han “aprendido” a tener erecciones con una práctica sexual determinada. Al estar habituados a esa práctica, no son capaces de conseguir erección de otra manera. En estos casos, se trata de “aprender” a realizar el coito de otras formas, no de una única manera.

Cuando la causa es la ansiedad: es fundamental abordar los estímulos, situaciones o pensamientos que la generan.

Por ejemplo, un porcentaje importante de varones sufren la ansiedad anticipatoria, que es la que padece el varón cuando tiene pensamientos anticipatorios catastrofistas del tipo: “no voy a funcionar bien”, o “seguro que pierdo la erección”, que ocupan la conciencia e impiden percibir los estímulos sexuales placenteros.

Lo que suele ocurrir es que, al haber tenido alguna mala experiencia, es decir, al haber tenido alguna situación de encuentro sexual en la que el varón tuvo una pérdida de erección, se le dispare el miedo a que le vuelva a pasar. Y precisamente, ese miedo a que le ocurra, es lo que le genera ansiedad y lo que bloquea la aparición de la erección. Es decir, simplemente el miedo de perder la erección, es lo que hace que el varón la pierda.

Cuando lo que bloquea la erección es el sentimiento de culpa, puede ser por varios motivos. Algunos son: no permitirse a uno mismo tener relaciones sexuales por educación o cultura, realizar determinadas prácticas sexuales, ser viudo, o estar cometiendo una infidelidad, o simplemente una sensación de culpa ante la situación de placer o goce, etc. En estos casos, poder analizar desde la tranquilidad si la persona está haciendo algo malo o no, puede ayudar a eliminar el sentimiento de culpa o por lo menos a aprender a tolerarlo, porque hay partes de la educación que recibe una persona que pueden ser bastante difíciles de eliminar.

No podemos olvidar los casos en los que la causa simplemente tiene que ver con mala información sexual. Realizar una terapia psicológica en estas situaciones suele ser muy eficaz.

También, si las condiciones físicas, psicológicas o ambientales no acompañan, como puede ser tener sueño, cansancio, algún dolor, etc. Tomar medidas para erradicar estas situaciones tiene muy buen pronóstico en la recuperación de la capacidad erectiva.

Algo clave en la terapia psicológica tras eliminar la causa que genera la disfunción eréctil, tiene que ver con reenfocar el objetivo del varón cuando va a tener relaciones sexuales. Se trata de que éste pueda reducir la ansiedad que padece al quitarle la presión que siente sobre el coito y la erección, y que pueda centrarse en el placer que siente al vivir el encuentro sexual.

Es decir, no se trata de buscar más la erección, sino de buscar el placer. Normalmente, cuando el varón padece disfunción eréctil, se aproxima a la relación sexual buscando la erección, está todo el rato pendiente de ella. Pues bien, la pauta es: “no busques la erección, busca el placer”.

Las técnicas de mindfulness son muy útiles en este sentido y para este tratamiento porque ayudan muchísimo al varón a poder centrarse en estímulos y sensaciones placenteras que generalmente pasan por alto y que ayudan mucho tanto a disfrutar del placer como a tener la erección deseada.