La fantasía sexual como gran aliada contra la disfunción eréctil

Para poder abordar la disfunción eréctil y encontrar una solución para la misma, en muchas ocasiones nos centramos en las causas que la provocan (físicas o psicológicas) y en las consecuencias que tiene tanto para la persona que la sufre como para su pareja. En esta ocasión vamos a cambiar el foco de atención y nos centraremos en uno de los recursos de los que disponemos para luchar contra la disfunción eréctil. Vamos a hablar de las fantasías sexuales.

Las fantasías sexuales son algo natural e intrínseco del ser humano. Al ser seres sexuados y con capacidad de imaginación, gozamos de un recurso ilimitado dentro de nosotros para excitarnos, y éste lo conforman nuestras fantasías. Culturalmente, hasta hace relativamente poco tiempo, el sexo y cualquier aspecto que tuviera relación con él era un tema tabú y, aunque es cierto que cada vez hay mayor libertad para hablar sobre este tema, aún existen muchos prejuicios y limitaciones sociales.

Lo primero que hay que saber es que las fantasías sexuales son algo natural y por tanto, no son algo malo ni inmoral. Además, son un recurso para mejorar el estado de ánimo y el desempeño en cualquier tarea y como no, también son beneficiosas para abordar la disfunción eréctil. Se ha demostrado que cuando imaginas cómo hacer algo, se activan las mismas áreas del cerebro que cuando lo realizas en la vida real. Por tanto, la fantasía puede servir a las personas que padecen disfunción eréctil como una forma de verse a sí mismas practicando relaciones sexuales de forma satisfactoria y así usarlo como un entrenamiento imaginario que les aporte seguridad.

En muchas ocasiones los problemas de disfunción eréctil se producen por la ansiedad de desempeño que siente el hombre cuando va a realizar un acto sexual. Esta ansiedad dificulta el proceso fisiológico de la erección, llegando a imposibilitarlo. Las fantasías sexuales en las que el hombre se ve a sí mismo teniendo una erección y realizando una relación sexual satisfactoria, pueden hacer disminuir esta ansiedad, mejorando así el proceso de erección.

Un aspecto importante es que las fantasías sexuales pueden compartirse o no. Pueden ser un recurso íntimo que le sirva a la persona para adquirir mayor motivación y/o excitación, o pueden formar parte de la vida sexual de la pareja. Es cierto que al compartir las fantasías sexuales con la pareja, la intimidad se hace más profunda y esto suele generar una mejora en la comunicación. Este aumento de la confianza entre los miembros de la pareja es un elemento fundamental para el bienestar de cualquier pareja y, más específicamente, para aquella que esté experimentando la disfunción eréctil.

Además, al compartir las fantasías sexuales, es probable que aumente también la gratificación sexual y el placer experimentado durante el sexo. Al salir de la rutina y probar cosas nuevas aumenta la motivación y la excitación por lo desconocido, así como el permiso que se dan cada uno de los miembros de la pareja para disfrutar y seguir imaginando y fantaseando.

Durante las fantasías sexuales tenemos el control de lo que nos sucede. Somos nosotros quienes decidimos lo que hacemos y lo que no, por lo que las fantasías representan un entorno seguro en el que ir adquiriendo confianza sobre el desempeño sexual sin miedo a sentir malestar de ningún tipo.

El mero hecho de fantasear nos predispone a tener mayor actividad sexual, lo cual es muy importante para las personas que padecen disfunción eréctil. En muchas ocasiones las personas con esta disfunción sexual, van disminuyendo sus contactos sexuales por miedo a no tener un buen desempeño sexual. Cuanto más se evita una situación, más miedo se genera en torno al afrontamiento de dicha situación, con el consiguiente aumento de la evitación, creándose así un círculo vicioso del que resulta difícil salir.

Por tanto, es fundamental en el tratamiento de la disfunción eréctil no evitar el sexo. Darle un sentido nuevo y vivirlo de forma diferente, desechando la idea de “tener que” y poniendo el foco en las sensaciones agradables. Las fantasías sexuales nos ayudan a liberarnos y a disfrutar, disminuyendo la ansiedad y mejorando, así, la experiencia sexual.