También tener un gatillazo con una pareja que no responda de una manera muy amable al asunto puede generar hasta una situación traumática, y quedarse como huella emocional, generando igualmente una falta de confianza que se dará la próxima vez que tenga encuentros con la misma persona.

La presión de uno mismo

En otras ocasiones, son los propios hombres los que se provocan a sí mismos esa presión. Es decir, su pareja no espera ese perfecto y excesivo rendimiento, pero si ellos están muy interesados en esa relación y quieren que salga todo bien, les cuesta perdonarse si algo no va del todo bien.

Es decir, varones estrictos, exigentes, que no toleran el error o el fallo, personalidades perfeccionistas, que consideran que para etiquetar su vida sexual como satisfactoria siempre tienen que conseguir un nivel de erección elevado, tienen muchas papeletas de desarrollar una disfunción eréctil el día que, de forma natural, vivan un gatillazo.

Por lo tanto, una interpretación catastrofista de lo ocurrido por parte del hombre puede actuar como desencadenante del problema, e incluso lo prolongan en el tiempo. Si no se es capaz de desdramatizar y naturalizar que en ocasiones, las cosas no salen como uno las planea, se enfrentará a las siguientes relaciones sexuales con cierta ansiedad, lo cual, aumentará la probabilidad de que no consiga una buena erección, ya que es incompatible con mantener una relación sexual satisfactoria.